Un caballero
“Le atiende Vanessa”, me dijo aquella voz sin alma al otro lado del océano. Vanessa siempre me había parecido un nombre de puta. Además, yo no la había llamado. “Nos comunicamos con usted, uno de nuestros mejores clientes, para ofrecerle la nueva promoción de Movistar”. No entendí toda aquella pompa. Ellos solo querían mi dinero. A mí no me importaba ni lo más mínimo que la empresa quebrara. Es más, me encantaría que todas sus oficinas, promociones y tarifas planas volasen un día por los aires. Además yo era un cliente de mierda, de esos que no llaman para preguntar qué hay de comer, ni para contarle a Puri lo que le dijo Coki que le pasó a Pachi “Mire, perdone, no me interesa. Ahora estoy muy ocupado”, le dije a Vanessa. Hasta entonces sentía verdadera lástima por las teleoperadoras. Todas las veces que me habían hablado me imaginaba sus tristes vidas. Encerradas en receptáculos de cristal, sin vida. Una existencia casi tan triste como la mía. Me imaginaba sus sueños rotos y sus novios alcohólicos a los que mantenían. Nunca había podido concentrarme en absolutamente nada de lo que se afanaban en transmitirme esas voces femeninas. Pero Vanessa tenía un tono frío y aséptico y pretendía que la escuchara a toda costa. Y yo no podía, ni quería. Estuve unos cinco minutos en esa tesitura hasta que le colgué el teléfono. Me sorprendí de mi propia paciencia. Es duro ser un caballero en estos tiempos.
enero 25, 2011 a 11:59 pm
Joder, qué bueno.
Saludos desde el frío Madrid. Me han traído una Mahou “120 aniversario” gratis, a tu salud.
“La noche más oscura” a punto de brotar, cuento contigo para que escribas estas cosas. Muy pronto más noticias…
Aliento y ánimo.