Un jabalí

Ramón volvía de fiesta con sus colegas, al volante de su coche recién comprado, exhultante. Al atravesar una recta, en una zona poco transitada sin iluminar, rodeada de bosque, vio una sombra a lo lejos. La silueta de un jabalí se fue dibujando a medida que el vehículo se acercaba, a toda velocidad. El animal arqueó su espalda y giró su cabeza hacia el coche, enseñando los colmillos, como preparándose para el impacto. Ramón pisó a fondo el pedal de freno. Los ojos del animal brillaron cuando los faros lo iluminaron. Risas y bromas dieron paso al sobresalto y a los gritos y, durante un instante, reinó el caos.

El golpe destrozó la parte delantera del coche nuevo de Ramón que, asustado e indignado, salió del coche, profiriendo al aire toda clase de insultos, agitando las manos y tocándose la cabeza, tembloroso.

-¡Ostiaputa, mi coche! ¡Estaba del trinque! ¡Puto bicho de los cojones! ¡Me cago en…!

Sus amigos fruncían el ceño y guardaban silencio, aturdidos, sin moverse de su sitio. El verraco quedó tendido en la carretera, de lado. Javier, al que se le había bajado la borrachera de repente, tuvo una idea:

-Pues ahora nos lo llevamos, al muy cabrón.

Entre todos, cargaron el jabalí en el maletero y se dispusieron a reanudar el canimo de regreso a sus casas. El monumental cabreo de Ramón contagió a sus amigos, y el cachondeo dio paso a un ambiente opresivo.

De repente, un ruido sobresaltó a los pasajeros. Javier salió despedido hacia delante, quedando encajonado en los asientos delanteros. Al volverse, pudo ver la enorme cabeza del jabalí rompiendo los asientos. Ramón vio por el retrovisor las caras aterrorizadas de sus amigos y la del animal abriéndose paso entre su tapicería nueva, entre chillidos. Tras detener el coche, esperó que sus amigos saliesen del vehículo, y tuvo la brillante idea de cerrarlo antes de que todos saliesen corriendo a resguardarse del salvajismo del animal herido, que además se sabía atrapado. El cerdo salvaje rompió la luna delantera y se internó en la espesura del bosque, de donde había salido.

El coche nuevo de Ramón quedó totalmente destrozado, por dentro y por fuera. Al parecer, el seguro no cubría ataques de jabalíes.

(Basado en hechos reales).

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3 comentarios to “Un jabalí”

  1. Parte da culpa deste tipo de situacións son dos debuxos animados, que espallaron unha imaxe amable de bestas sanguinarias como os xabaríns, os pandas ou os teletubies.

  2. Que salvaxada de historia, seguro que Ramón non era do clube da galega…

  3. manso chancho loco je ay q cazr uno para ver q onda

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