Archivo para febrero, 2010

Mariano

Posted in Frikismo, Miscelánea with tags on febrero 26, 2010 by forragaitas

Como llegó se marchó, de repente. Teníamos 10 años y era el nuevo de clase. Se llamaba Mariano. Era de Valladolid. Pelirrojo. Decía cosas extrañas. Hacía cosas extrañas. Era diferente. Todos le odiaban. Enseguida nos hicimos inseparables. A ninguno de los dos nos gustaba el fútbol ni coleccionar cromos. Íbamos a la biblioteca, entrábamos en obras abandonadas, destrozábamos electrodomésticos abandonados… Eso era a lo que nos dedicábamos. Mariano se hacía preguntas: para qué valía estudiar si nos íbamos a morir, quién juzgaba a los jueces, cómo se construían las catedrales… Era un pequeño hijoputa renacentista. Una vez, cuando volvíamos del colegio, se acercó a una vieja que pedía dinero. Le dio cinco mil pelas que le habían dado sus padres por su cumpleaños. La señora quiso devolvérselo, pero no hubo manera. Un día me dijo que hablaba con Dios. Todavía hoy le creo. Supongo que será reponedor en un supermercado.

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Adelanto a Satán

Posted in Frikismo with tags , , on febrero 25, 2010 by forragaitas

El coche de delante me mira. Sus ojos se encienden. Es el diablo. Me sonríe. Sabe que sé que estamos perdidos. Armas, drogas y putas. Nada más importa. Olvidamos nuestras promesas. Dejamos de creer en la poesía. Renunciamos a nuestros reinos. Los idiotas se hacen ricos. Los genios acaban trabajando en Mc Donalds. Tus amigos se casan y se convieten en hombres trajeados e importantes, y sus hijos son pequeños hijos de puta que no parecen niños. La esperanza se te va escapando entre los dedos. Los imbéciles dan conferencias. Tus ex novias no contestan a tus llamadas. Ya no hay magia en las cafeterías viejas, solo mediocridad. Acelero y adelanto al coche, mirando de reojo a Satán.

Semáforos en rojo

Posted in Miscelánea with tags , , on febrero 22, 2010 by forragaitas

Ella lloraba desconsolada con la cara hacia abajo, temblando. Él le apartó el pelo de delante de la cara y la acarició. Entonces ella lo miró y le dijo algo. Él le contestó. Después se abrazaron. Todos contemplábamos la escena de reojo, como intentando no entrometernos en su intimidad. El semáforo se puso en verde. Él la separó suavemente de su cuerpo y arrancó. Nosotros también arrancamos. El mundo volvió a rodar. Ojalá no tuviésemos que vivir nuestras vidas en los semáforos en rojo. Ojalá sean muy felices.