Archivos para julio, 2010

La mosca en la sopa

Posted in Miscelánea, poesía with tags , on julio 30, 2010 by forragaitas

Creo que era la primera vez en mi vida que estaba leyendo poesía en un parque. Me acompañaba mi ex-novia. Recitábamos los versos en voz baja y nos reíamos. Eran tiempos felices. El mundo parecía tener sentido. Entonces no me importaban el infiermo de las colas en los supermercados o la mosca en la sopa. De repente una señora cayó al suelo cerca de donde estábamos. Iba paseando agarrada a dos personas que la levantaron del suelo casi de inmediato. Media docena de energúmenos surgieron de repente de la nada, posiblemente sus familiares, que cuidaban a la pobre anciana pensando solo en su herencia. Varios de ellos miraron hacia nosotros y empezaron a insultarnos: “¿Muy bonito el espectáculo, no?!”, nos gritó uno de ellos. Yo miré si se dirigía a alguien que estaba detrás de nosotros, pero me di cuenta que, increíblemente, se refería a nosotros. Atónitos, no supimos qué responder. La brutaldad y la ignorancia humana estaban ante nuestros ojos, la esencia de la ignominia secular al alcance de la mano. Los anormales estaban lo suficientemente lejos como para que no entendiéramos lo que decían a viva voz, pero lo suficientemente cerca como para que lo intuyéramos. No recuerdo haber sentido antes la maldad de una forma tan nítida y tan desesperanzadora. El fin del mundo podría haber comenzado allí. “¿Pero se refieren a nosotros?”, acertó a decir mi novia. Yo no pude articular palabra.

Bastian

Posted in General, literatura with tags , , on julio 11, 2010 by forragaitas

Ayer, como casi siempre, no podía dormir. Me levanté, encendí un cigarro y me puse a zapear. Nigromantes de saldo, teletiendas para descerebrados, predicadores sin fe y estupendas promociones porno era lo único que ponían en la televisión del futuro. Entonces llegué al canal de Disney. Echaban una serie de dibujos basada en La Historia Interminable, la estupenda novela de Michael Ende con la que muchos comenzamos a creer en la literatura. En la serie, Bastian estaba depre porque un compañero de clase era mejor que él en química. El mundo giraba en torno al caprichoso de Bastian, que solo tenía en común con el protagonista de la novela el nombre. La magia de la novela, la dicotomía del personaje,  no existían en la serie de dibujos. Bastian era una especie de retarded adolescente que solo pensaba en presentar el puto proyecto de química.

De repende, a Bastian se le dio por visitar el reino de Fantasía, un vergel multicolor que en televisión aparecía diametralmente opuesto a la frontera de los sueños que ideó Ende. La Fantasía de la serie era una especie de Disneylandia vomitiva, nada que ver con la quimera donde brujas, tortugas gigantes, comepiedras y otros seres conviven con las criaturas del mal. Fantasía es el reino, Bastian el enviado. Pero la Nada acecha, y la muerte y el caos amenazan con destruirlo. Sin embargo, en la serie solo había florecitas y duendecillos risueños. Todos los antisociales fuimos Bastian, y a todos nos la traía floja el proyecto de química o sacar mejores notas que fulanito o menganito. Me importa un huevo lo que hagan con Hanna Montana o los Jona´s Brothers de los cojones, pero que no jodan nuestros mitos de infancia. La historia interminable es un libro mayúsculo, con mucha más profundidad de lo que aparenta. Y Bastian es el Ulises de mi generación.