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El cerebro, la última frontera

Posted in Ciencia, Galicia with tags , , , , , , , , , on diciembre 4, 2007 by forragaitas

Ayer asistíamos en la Domus a una conferencia, inscrita en el III Curso de Formación en Actualidad Científica de los Museos Científicos Coruñeses, a cargo de Javier Cudeiro, Catedrático de Fisiología Humana de la UDC y director del NEUROcom, que, bajo el rimbombante título de “El cerebro y la construcción de la realidad; una visita a la máquina de inventar”, ahondaba en la configuración de este órgano como un gran y genial embustero, hacedor de la realidad a su medida. Y es que al parecer somos lo que nuestro cerebro percibe, actuando como una máquina que va configurando la realidad poco a poco. A esta tarea se dedican cien mil millones de neuronas, que a su vez intercambian entre sí información. Este proceso lo posibilita la sinapsis, el intecambio químico entre las células nerviosas, algo que el romántico de Ramón y Cajal definía como “beso protoplasmático”. 

 

El hecho de que sea el cerebro el que nos permita ir recreando lo que nos rodea, unido a que cada zona del cerebro se dedica a ciertas funciones específicas con células especializadas, explica que percibamos de la manera en que lo hacemos, y que nuestra memoria produzca efectos ilusorios, porque tenemos una memoria visual y vemos por comparación.

Con estos simples preceptos, Javier Cudeiro se encargó de disertar durante aproximadamente una hora sobre las experiencias cercanas a la muerte, los casos de posesión, el síndrome del Gourmet o las experiencias místicas de santa Teresa caracterizándolos como meros casos de disfunciones cerebrales aplicables en muchas ocasiones a equizofrénicos o epilépticos… lo que no deja de ser un poco curioso si ahondamos en la naturaleza de algunos de esos estudios, que por ejemplo han localizado la región cerebral donde reside nada menos que la religiosidad, comparando un éxtasis místico como el de la religiosa mencionada con un grupo de individuos que recitan el Salmo de David. Los grandes ateos deben de estar ansiosos por probar una dosis de fervor religioso, y los más beatos deseosos de aplicar el experimento a las masas de descreídos.

 

En todo caso, la verdad es que resultó una conferencia de lo más ameno, incluso demasiado, ya que se ahondó muy poco en los temas expuestos, profusamente ilustrados, eso sí, con las consabidas ilusiones ópticas y figuras imposibles de Escher, vídeos, o las posibles aplicaciones de la neurociencia con la enfermedad del párkinson.